Después
de leer éste artículo tengo más claros algunos de los casos de gente
que entra a nuestra comunidad creyendo haber encontrado sus respuestas.
La inmadurez emocional conlleva una inmadurez sexual que hace que muchas personas adultas estén atascadas en fases del desarrollo sexual más propias de la infancia o de la adolescencia.
Cuando
un adulto, por una circunstancia vital o psicológica, se queda en una
etapa infantil, es fácil comprender que no va a vivir su sexualidad como
corresponde a su edad y puede que confunda este hecho con la
asexualidad cuando no es así.
Para comprender esto,
debemos recordar cómo éramos a los 8 años de edad, cómo nos sentíamos
respecto al sexo porque, aunque estaba presente en nuestras vidas y
seguro sentíamos curiosidad, no sentíamos deseo de interacción con
otros, quizá porque en esa fase lo más común es la auto exploración de
la propia sexualidad.
Hay gente que se ha quedado en esta fase sin darse
cuenta y buscan en la asexualidad su identidad cuando lo verdaderamente
cierto es que no son, necesariamente asexuales.
¿Cómo distinguir entre asexualidad e inmadurez sexual?
Básicamente porque ésta última cursa con una inmadurez emocional y por ello os remito al artículo.
¿Cómo es una personalidad inmadura?
La personalidad es la suma total de las pautas de conducta actuales y
potenciales determinadas por tres notas: la herencia (el equipaje
genético, lo que recibimos de nuestros padres), el ambiente (el entorno)
y la experiencia de la vida (la biografía de cada uno). La personalidad
es el sello
propio y específico de cada uno. La tarjeta de visita. Dicho en otros
términos, la personalidad es una organización dinámica, en movimiento,
en donde confluyen los aspectos físicos, psicológicos, sociales y
culturales de un individuo. Los psiquiatras nos dedicamos a la
ingeniería de la conducta.
Somos perforadores de superficies psicológicas, intentamos ahondar en la
mecánica interna del comportamiento, para corregirlo, mejorarlo,
hacerlo más equilibrado.
La inmadurez significa una persona a medio hacer, que da lugar a una
psicología incipiente, incompleta, que no está bien terminada y que
tiene muchos flecos negativos, pero que puede cambiar y mejorar y
hacerse mas sólida, con la ayuda de un psiquiatra o de un psicólogo.
Voy a intentar sistematizar sus principales ingredientes en este
decálogo, para que el lector pueda adentrarse en la frondosidad de lo
que ahí reside. Los síntomas son los siguientes:
1) Desfase entre la edad cronológica y la edad mental: esta es una de
las manifestaciones que más llama la atención de entrada, en una
primera aproximación. No olvidemos que hay gente de maduración tardía y
otra de maduración temprana, y esto le da un carácter ligeramente
distinto a esta
observación.
2) Desconocimiento de uno mismo: ésta era una de las normas del héroe
griego. En el templo de Apolo, en Grecia, había en el frontispicio de
la entrada una inscripción que decía así: "Nosci se autom", conócete a
ti mismo. Se trata de tener claro que la asignatura más importante de
cada
persona es uno mismo, lo que quiere decir saber las actitudes y las
limitaciones que uno tiene. Ambas son como el cuaderno de bitácora que
nos ayuda a una navegación por la vida adecuada.
3) Inestabilidad emocional: que se expresa mediante cambios en el
estado de ánimo, pasando de la euforia a la melancolía y esto de un día
para otro o dentro de un mismo día. Esto hay que diferenciarlo
claramente de las llamadas depresiones bipolares. El inmaduro es
desigual, variable, irregular,
sus sentimientos se mueven y bambolean de forma pendular, lo que hace
que nunca pueda uno saber qué va a encontrar en el otro. Esa fragilidad
mudable es una nota muy característica. Su estado de ánimo se expresa a
través de unos dientes de sierra, una especie de montaña rusa, en donde
las
oscilaciones son muy frecuentes.
4) Poca o nula responsabilidad; la inmadurez tiene niveles, lo mismo
que sucede con cualquier hecho psicológico. Esta palabra procede del
latín "respondere", que significa: contestar, prometer, satisfacer.
Estar en la realidad es conocer el hoy-ahora de uno mismo sin
ningunearse y sin
creerse uno más que nadie.
5) Mala o nula percepción de la realidad: la captación incorrecta de
sí mismo y del entorno que le rodea le lleva a tener una conducta
desadaptada tanto intrapersonal (disarmonía consigo mismo) como
interpersonal (inadecuado contacto con los demás, no sabiendo medir las
distancias ni las
cercanías).
6) Ausencia de un proyecto de vida: la vida no se improvisa. Necesita
una cierta organización, un esquema que diseñe el porvenir. Los tres
grandes argumentos de éste son: amor, trabajo y cultura. En ninguno de
ellos ha calado con profundidad. No se puede vivir sin amor, el amor
debe ser el
primer argumento de la vida, que da vida y fuerza a los demás. Del
cumplimiento de estos tres grandes temas brota la felicidad, suma y
compendio de una coherencia de vida donde los tres tienen una enorme
importancia.
7) Falta de madurez afectiva: entender qué es, en qué consiste y cómo
vertebra nuestra vida sentimental. Por amor tiene sentido la vida. Pero
no hay amor sin renuncias. Y al mismo tiempo saber que nadie puede ser
absoluto para otro. El amor eterno no existe; se da en las películas, en
las
canciones de moda y en las personas poco maduras. Lo que sí existe es el
amor trabajado día a día. Amar no significa tener dulces sentimientos,
sino volcarse con el otro en las pequeñas cosas de cada día. En mi libro
Quién eres, describo la madurez afectiva como una modalidad aparte, con
perfiles
propios y específicos. Ahí solamente subrayaría ¡que fácil es enamorarse
y qué complejo mantenerse enamorado. Hoy se ha producido en este campo
una auténtica socialización de la madurez sentimental.
8) Falta de madurez intelectual: la inteligencia es otra de las
grandes herramientas de la psicología, junto con la afectividad. Hay
muchas variedades de inteligencia: teórica, práctica, social, analítica,
sintética, discursiva, matemática, analógica, intuitiva y reflexiva...
Pero para quedarnos
con una idea clara: una persona es inteligente cuando sabe centrar un
tema, haciendo razonamientos y juicios de la realidad adecuados, siendo
capaz de elaborar un conjunto de soluciones asequibles y positivas que
permitan resolver problemas concretos. Dicho en términos más modernos de
la psicología
cognitiva: inteligencia es saber recibir información, codificarla y
ordenarla de forma correcta y ofrecer respuestas válidas, coherentes y
eficaces. Aquí las manifestaciones de la inmadurez se expresan de forma
rica y variada. Falta de visión y de planificación del futuro.
Hipertrofia del presente,
una exaltación del instante. No hay crecimiento en los análisis
personales y generales, con poca o nula justeza de juicio. Serias
dificultades para racionalizar los hechos y aplicar un cierto espíritu
cartesiano. La vida es como un viaje, por eso es importante saber a
dónde uno quiere ir.
9) Poca educación de la voluntad: la voluntad es una joya que adorna
la personalidad del hombre maduro. Cuando es frágil y no está templada
en una lucha perseverante, convierte a ese sujeto en alguien débil,
blando, voluble, caprichoso, incapaz de ponerse objetivos concretos, ya
que todos se
desvanecen ante el primer estímulo que llega de fuera y le hace
abandonar la tarea que iba a tener entre manos. Es la imagen del niño
mimado que tanta pena produce; traído y llevado y tiranizado por lo que
le apetece, por lo que le pide el cuerpo en ese momento. Que no sabe
decir que no, ni
renunciar. Alguien echado a perder, consentido, malcriado, estropeado
por cualquier exigencia seria, que no doblará el cabo de sus propias
posibilidades. Un ser que ha aprendido a no vencerse, sino a seguir sus
impulsos inmediatos. Por ese derrotero se ha ido convirtiendo en
voluble, inconstante,
ligero, superficial, frívolo, que se entusiasma fácilmente con algo,
para abandonarlo cuando las cosas se tornan mínimamente difíciles.
Esto trae consigo otros datos: baja tolerancia a las frustraciones,
ser mal perdedor, ya que tiene poca capacidad para remontar las
adversidades, pues no está acostumbrado a vencerse en casi nada;
tendencia a refugiarse en un mundo fantástico, para alejarse de la
realidad.
10) Criterios morales y éticos inestables: la moral es el arte de
vivir con dignidad; el arte de usar de forma correcta la libertad,
conocer y poner en práctica lo que es bueno. En la persona inmadura todo
está cogido por alfileres y fácilmente se deshilacha y se rompe. La
moda, la permisividad,
el relativismo son pautas vertebrales básicas, sigue los vaivenes de lo
último a lo que se apunta todo el mundo sin ningún espíritu crítico.
La madurez es uno de los puentes levadizos que lleva a la fortaleza
de la felicidad, y es el resultado de un trabajo esforzado, serio,
paciente, de quitar y añadir, de pulir, de limar, de intentar que
nuestra forma de ser sea como una piedra de canto rodado de esas que
vemos en los ríos y que
casi no tienen aristas.
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