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lunes, 12 de julio de 2010

Diario de una asexual. Cap.10


Lucía, no importa qué fecha.

Todo aquello que fui duró hasta ayer y hoy luce de nuevo un sol de esperanzas e ilusiones olvidadas que volverá a brillar si así lo quiero.
Perenne es mi ceño fruncido muesca de un pasado hostil que ya no se borrará ni de mi frente ni de mi alma, pero lo que he aprendido hasta hoy será mi mejor baza para el futuro. Trataré de no volver a cometer los mismos errores aunque se que en esta guerra perderé otras mil batallas.

Ahora me cuadran muchas cosas, por ejemplo, se porqué me sentía atraída por los hombres con sotana...El hecho de ser célibes, su voto de castidad, anula el sexo de la ecuación haciendo de ellos candidatos perfectos para mi. Entiendo el porqué me gustan tanto las historias de amores platónicos nunca consumados y mi necesidad de afectos casi infantiles donde todo sea casto e inocente. Soy una mujer sensual y hasta puede que sexy, pero mis flirteos nunca buscaron seducir, tan solo divertirme y aunque soy provocadora nunca pierdo de vista el peligro y me cuido de aquellos que puedan malinterpretarme para no herir sentimientos.

Carta a una amiga:

Pero dejemos los dramas, esta semana, he vuelto a ponerme en contacto con mi ex. Le puse un mensaje en facebook y me contestó. Estoy tratando de no perder el contacto con él para ver si podemos retomar la relación aunque sea de amistad. No se si se ha casado o si ha roto con su pareja, no se nada, pero voy a intentar averiguarlo ¿te imaginas? Si está libre y puedo volver a salir con él, esta vez sería honesta y quién sabe¿¿??. Desde luego él es el mejor hombre que conozco, el que mejor me ha comprendido y sabido respetar. Tiene todo lo que yo busco, pero no voy a ilusionarme aún, seguro que vive feliz con su chica.
Si él y yo nos acercásemos de nuevo, creo que todo volvería a ser igual de bonito que antes, él no ha cambiado. Después de todo, fui yo la que lo alejó de mi. Pero con todo y eso, no creo que fuese a replantearme el hecho de acostarme con él o no. No lo haría, estoy casi segura. Como asexual, sueño con un amor como el que teníamos, casi infantil. Creo que el sexo es para mí un punto conflictivo a evitar y que si tratase de incluirlo en una relación tan solo tendría más problemas y frustraciones, ya no solo las mías sino que haría partícipe a la otra persona. Ese sería sin duda el principio del fin de cualquier relación. No creo que nadie vaya a poder nunca despertar mi interés sexual. Son muchos años en mi piel y mi capacidad de auto análisis me dice que no me equivoco. Es un drama se llame asexualidad o como quieran llamarlo, pero existe y lo se por propia experiencia. No se lo que pasará por la cabeza, los sentimientos y en los cuerpos de los demás, yo se lo que a mí me sucede y que a pesar de querer estar con alguien especial no podré mirarle y amarle de forma sexual. Esa es mi realidad amiga mía.


“De tanta gente idiota que he conocido a lo largo de mi vida, he llegado a la conclusión de que la idiota soy yo. No es posible que sea mi coche el que circule en el sentido correcto cuando veo las luces de todos los demás venir frente a mi”.

Cary.

Mis más cordiales agradecimientos a los fieles seguidores y seguidoras de “Diario de una asexual”. Sois el motor de mi inspiración.


lunes, 5 de julio de 2010

Diario de una asexual. Cap.9


Lucía, septiembre de 2009

Querido diario, en a penas un mes mis ojos tienen otra luz, mi alma un nuevo saber y mi ser una nueva batalla por librar. Siento nacer en mi interior la fuerza de una llama ya extinta que me empuja a gritar y a revelar al mundo entero esto que soy y he sido siempre sin saberlo con certeza. Quiero contárselo a todos, necesito hacer partícipes de mi felicidad a las personas que quiero, pero ¿cómo? ¿por dónde empiezo? ¿es prudente hacerlo?. Lo que para mí ha sido la revelación más importante de mi vida, la llave de mi baúl de los misterios, la explicación de tantas y tantas cosas vividas entre el silencio y el llanto, puede, y sospecho que así será, que nadie más sea capaz de comprenderlo.
El mismo día en que descubrí que la definición de asexualidad era también una descripción objetiva de mi propio problema, encontré el foro Aven. En él me sumergí absorta leyendo los comentarios de gente como yo, ¡gente como yo!, lo escribo y una sonrisa emocionada se escapa de mis labios e inunda mis ojos, mucha más gente de la que jamás me hubiera imaginado, todos y todas contando historias asombrosamente parecidas a la mía. Desde entonces he sentido la imperiosa necesidad de conectarme a Internet a cada rato tan solo para comprobar que de veras existía algo así, que no me lo había figurado y que podía volver a encontrarlo nuevamente con toda facilidad.
Creo que tardé un día en atreverme a saludar y presentarme en el apartado de Bienvenidas. La respuesta fue inmediata, esa gente, que escribía con mis mismas palabras historias que tan bien podía comprender, me saludaban desde diferentes partes de este y otros países. Dicen que “La pena compartida es mejor llevada”, supongo que por eso me ayuda tanto saber que no soy la única con este problema.

No he podido contenerme, esta tarde se lo he dicho a mi madre, le he contado que existe en Internet una definición que explica lo que me pasa como si estuviera sacada de mi cabeza, yo nunca habría podido explicarlo mejor pero leyéndolo se han disipado todas mis dudas. Le he comentado entusiasmada el encuentro con la gente del foro, gente igual que yo....-”Mamá, no soy tan rara, ya no me siento sola”. Su respuesta no tuvo palabras, quizá no fue capaz de encontrarlas debido a la sorpresa del momento mal escogido por mí, quizá no entendió de lo que le hablaba. No recuerdo lo que me dijo, ¡qué extraño!, supongo que no era lo que yo esperaba y simplemente mi mente lo borró. Haciendo un esfuerzo se me ocurre que tal vez fuera algo como: “ Bueno” o “Mira qué bien”.
La reacción de mi madre se hizo esperar varios días pero al fin llegó, esperó el momento de siesta de mi padre para procurar que estuviéramos solas ella y yo. Nos sentamos juntas en el sofá como hacemos tantas veces después de la sobremesa para ver un poco la tele. Sin previo aviso se giró hacia mí y me preguntó: “¿Entonces qué es eso que me contabas el otro día?” . No os será difícil figuraros la alegría que sentí al ver que se interesaba por el tema, que me había escuchado la primera vez aunque no lo hubiera encajado hasta este día y, rápidamente, se lo volví a explicar con todo lujo de detalles dispuesta a responder a todas sus preguntas.
Por fin pude quitarme esta opresión del pecho al contárselo a alguien. Sabia que ese alguien pronto se convertirían en dos personas ya que entre mis padres nunca ha habido secretos, siempre ha dado igual quien se entere de qué primero porque el otro lo sabrá también a los pocos minutos. Sin embargo mi padre no sacó nunca la conversación, esperó hasta que yo encontré el momento oportuno para volver a hablar de ello esta vez con los dos.
La fabulosa respuesta de mis padres aún me parece un sueño y me animó a ir revelando mi secreto a la gente de mi confianza, primero fue mi mejor amiga, luego la novia de uno de mis primos, las demás amigas, mis otros primos,.....Mis tíos se han enterado indirectamente a través de la familia pero igualmente se que tengo su apoyo y que nadie le ha dado mayor importancia. En los mejores casos, la curiosidad ha sido mi aliada para poder expresar lo que ha sido para mí ser así y lo que espero que sea mi vida ahora que puedo decir que soy asexual sabiendo que la gente que más me importa lo asume y entiende.
Yo quisiera saber por qué la gente rechaza y critica lo diferente si, a mi modo de entender, son las cosas singulares, extraordinarias, las que dan emoción a la vida. ¿De veras alguien puede querer un mundo de clones? ¿hay alguien que crea que si todos fuésemos iguales y nos rigiésemos por los mismos patrones de conducta, el mundo sería mejor? ¡Qué aburrido!. Ante tantos días de sol y calor, la tormenta de verano nos trae, por unos instantes, aire fresco y la lluvia nunca nos apeteció tanto ¿no es verdad?.

Desde que lo sabe, Bea, mi mejor amiga, no ha dejado de interesarse por la cuestión, no acaba de entenderlo y me perpleja me ha dicho: -pero si tú te vuelves tan loca como yo por el guapo de moda, ¿me vas a decir que no te acostarías con él si pudieras?-. Yo siempre respondo que para mi gusto le sobra el pene. Todo lo demás me resulta apetitoso, le besaría, me encantaría que me abrazase y abrazarle y bailar con él, acariciar su cabello, sus manos, perderme en sus ojos........ todo, mientras no vea en él un atisbo de actitud sexual. Me río con esto y le contesto que eso del intercambio de fluidos se lo dejo a ella que es sexual.
A pesar de su confusión, las discusiones con ella me divierten y su incredulidad patente resulta normal después de tantos años siendo sabedora de mis amoríos y aventuras.
Por supuesto, también Eva, mi hermana ha sabido de mi nueva identidad, ¿cómo no? siendo ella mi principal confidente desde la más tierna infancia. Desde el otro lado del chat pude sentir su desconcierto ante la noticia pero su cariño y la confianza que nos tenemos supo ponerlo todo en su sitio y, al final, también lo comprendió.

lunes, 28 de junio de 2010

Diario de una asexual. Cap.8



Lucia, enero de 2009.

Al no encontrar otra salida laboral, he vuelto a trabajar en eventos culturales. El pasado agosto trabajé como azafata en un museo de la ciudad y desde octubre trabajo dando talleres de alimentación y salud a escolares de primaria. Así han ido trascurriendo estos últimos años en los que no he tenido nada nuevo que contarte mi querido diario. Procuro centrarme en el trabajo y en la preparación de oposiciones. Voy de proyecto en proyecto y aunque no gano mucho estoy encantada, el trato con los niños es muy gratificante y el trabajo me hace sentir útil.
Me siento mucho mejor, he pasado las Navidades en casa de mis padres, los tres solos, pero gracias a la magia de Internet Eva y mi cuñado han tomado las uvas con nosotros y aún en la distancia nos pareció compartir mesa todos juntos.
Mis padres siempre han querido ser abuelos, desde que Eva se casó albergan la esperanza de que considere la opción de volver a España para que, cuando tengan a sus hijos, los podamos disfrutar en familia y ayudarles en su cuidado cuando ellos trabajen. Pero mi hermana no tiene pensado ser madre por el momento y por ello las expectativas ahora se fijan en mí. El otro día me quedé a comer con ellos y, ya en la sobremesa, mi padre sacó el tema, apenado me ha dicho que le encantaría tener un nieto, alguien que heredase nuestros escasos bienes, esos que tanto esfuerzo y años nos han costado, le duele pensar que con su hija pequeña tan lejos y conmigo soltera, nadie vaya a disfrutar la casa que con sus propias manos ha ido construyendo en el pueblo. Cuando ellos ya no puedan ir, ¿quién va a disfrutarla ? me pregunta. Yo le respondo que haré lo que pueda para mantenerla y conservarla mientras viva, esa casa ha ido creciendo conmigo año tras año. Se que no quiere ni imaginar que un día la ponga en venta o que la alquile. Me dice que sería perfecto que yo formase una familia, sabe que no me queda mucho tiempo para ser madre biológica, con mi edad ya debería estar casada. Intento tranquilizarle comentando mi idea de adoptar en unos años, la propuesta no le entusiasma, él quisiera un heredero de sangre. Con toda esta charla me animo, parece el momento adecuado para comentarle mi parecer acerca de los hombres y mi relación con ellos, le hago partícipe de mi sospecha, yo no soy capaz, no me veo con pareja y eso echa por tierra toda ilusión de ser esposa y madre algún día. No creo que vaya a casarme nunca, no es algo que me obsesione pero despierta mi curiosidad, después de toda una vida de intentos fallidos en eso de enamorarme, el saber qué ocurre conmigo. Aprovecho para hablar con los dos y decirles que yo soy diferente, ni siquiera se en qué, pero no me siento igual a las demás mujeres que conozco, no soy homosexual, no se qué soy. La palabra asexual ronda por mi mente desde hace ya un par de años, al principio como un chiste a contar entre mis amigas cada vez que mencionan a alguno de mis pretendientes y me plantean la posibilidad de un romance. Yo les quito la idea de la cabeza para evitar que me sigan insistiendo en el tema alegando en tono de humor que “yo soy asexual”, como decía aquél cómico en un programa de televisión.
Mis padres no saben muy bien de lo que les hablo y no les culpo, ni yo lo se, achacan la forma en que me siento a mi estado depresivo, aunque ya estoy curada no puedo evitar caer de vez en cuando en la distímia. Yo no se qué pensar, se que el no haber encontrado una estabilidad laboral ni personal afecta gravemente a mi estado anímico, me siento inútil en todas las facetas de mi vida, una fracasada. Mis padres se desesperan al verme así, no saben cómo ayudarme y siempre me animan tratando de restar hierro al asunto: -ya verás cómo con el tiempo todo llegará.- me dicen.
Si no fuese porque llevo más de diez años tratando de auto convencerme de ello sin ver nunca el final del túnel puede que me sirviera aún esta frase, pero se que todo depende de uno mismo, que tengo que seguir luchando sin dejarme caer de nuevo en el suelo del desánimo. Desde luego, el saber que ellos están ahí es lo que me da fuerzas para no volver a deprimirme.
En algún lugar he leído:
"Las cosas siempre suceden por algo, pero jamás preguntes por qué...”

Si este verano no tengo trabajo me iré unas semanas al pueblo, creo que me hará bien.

Lucía, agosto de 2009

Ayer fui de boda, se casó uno de mis primos más jóvenes. Las bodas no son la mejor de las celebraciones para alguien como yo, me refiero a mujer soltera y entrada en años, la típica solterona que nunca falta en toda buena familia. Es inevitable en un evento de estas características, en el que ves a gente que hace siglos no veías y con quienes no tienes ningún tipo de comunicación, gente a quien tienen que presentarte relacionándote con frases del tipo “Es la hija de...., sobrina de...., la que está soltera”, que todo el mundo quiera saber sobre ti en ese momento todo aquello por lo que no se interesó en una vida, y no falta la pregunta: ¿cuántos años tienes ya? ¿no tienes novio?, o directamente: “¿cuándo piensas casarte?, que se te pasa el arroz..., mira tu primo. Tú tenias que haberte casado primero que eres la mayor”.
De los cinco primos que somos por parte de mi madre, por suerte o desgracia, yo soy la mayor. Fue mi hermana la primera en casarse, pero todos los demás tienen pareja desde hace ya unos respetables años, así pues, todos y todas han venido acompañados menos yo. Soy el centro de atención de todas aquellas Celestinas que creen en su poder casamentero y siento penetrantes miradas en la nuca a cada paso que doy por la sala de festejo. Sin duda soy la flor discordante en el ramo de una novia.
Para mi tranquilidad y bienestar, le había pedido a mi primo que me colocase en la mesa junto con el resto de nuestros primos y sus parejas y así se hizo, la sorpresa fue que las mesas eran grandes y en la nuestra colocaron entre nosotros a un matrimonio amigos del novio, su bebé y un joven de mi edad aproximadamente, que también venía solo. La gracia fue que resultó ser cura. También resultó ser encantador, además de atractivo y buen conversador. Nada le hubiera delatado de no ser porque, en algún momento de la tarde, alguien comentó que por qué lo habían colocado a mi lado habiendo solteros en la fiesta. El chico en cuestión resultó ser muy de mi agrado como persona, nada estereotipado como cura y muy abierto.
Es otra de las grandes incógnitas de mi vida el hecho de que desde muy jovencita me causaran una morbosa atracción los hombres con sotana, sin que esto tenga nada que ver con mi sentir religioso que es nulo. Yo diría que son los únicos hombres que despiertan en mi cierto deseo sexual. Es casi una perversión que no pasará nunca de ser una mera fantasía erótica, pero desde que “me enamoré” del joven párroco que me dio la primera comunión, he soñado alguna que otra vez con seducir a un religioso, algo así como en la escena cumbre de la película “El nombre de la Rosa”. Es una lástima no haber tenido más ocasiones para vernos, con motivo de la boda o con cualquier otro motivo.
Sí, confieso que me hubiese encantado experimentar con él mi fantasía y, ya de paso, robarle un miembro a esa secta que, en mi opinión, es el clero.

En mi tierra existe la arraigada, y no se si fundada, creencia de que de toda boda sale otra boda. Y aunque esto no me atañe, comprobé que mis celestinas no cejaban en el empeño de buscar una solución a mi soltería, por lo que no les gustó nada que pasase tanto tiempo hablando con una causa perdida como la de este joven.

En fin, la fiesta acabó, bailé con todos los viejos de esta y la otra parte de la familia, charlé con unos y con otras y hasta alcancé a recoger el ramo que lanzó la novia a todas las solteras y casaderas, como manda la tradición. Qué ironía!!

Por suerte, ahora estoy en mi casita de verano, lejos de todo aquello. Aquí el mundanal ruido se oculta tras el sonido de las aguas del Tormes que baja rápido y caudaloso, el cantar de los múltiples pájaros, todos con su particular trino a cuál más hermoso, el sonido de la brisa de la sierra que puedo ver ondulando el horizonte desde la ventana de mi habitación,...... Sonidos que enmudecen los ruidos de mi cabeza y, cual bálsamo milagroso, me ayudan a olvidar.
Este año, por primera vez, he logrado conectarme a Internet desde aquí. Acabo de terminar las pruebas de oposición y necesito estar al tanto de los resultados y la elaboración de las listas de interinos, de ello depende que pueda comenzar a trabajar como maestra lo antes posible.
Pero todos sabemos que Internet es un mundo de posibilidades, el templo de la información, y la desinformación también, bueno es saberlo. La tentación en esta mañana soporífera de calor infernal es grande y aquí, tumbada bajo la sombrilla en mi hamaca de jardín, mis dedos teclean casi sin permiso. De pronto, la palabra Asexualidad escrita en el Google comienza a lazar los resultados de una búsqueda impensable ......
No quepo en mi asombro!!! Ante mí aparecen un montón de posibilidades, pero lo primero y más llamativo es conocer la definición que me ofrece la wikipedia . Releo una y otra vez las pocas palabras que, inesperadamente, dan sentido a toda una vida de dudas sin respuesta. No puede ser cierto.... !! Una voz desde la cocina me saca de mi desconcierto y apago el ordenador para ir a comer sin bajarme de la nube en la que floto de repente, temblando de emoción y entusiasmada por este descubrimiento que ha inundado mi cerebro, solo quiero volver a encender el portátil para seguir investigando en el nuevo mundo que se ha abierto ante mi.

lunes, 21 de junio de 2010

Diario de una asexual. Cap.7




Lucía, julio de 2005.

Ya ha pasado un año desde que mi hermana se fue. Ahora es una feliz mujer casada con trabajo y residencia en Toronto.
Yo llevo el mismo tiempo viviendo en mi nuevo hogar. Las aguas parecen haber tomado su cauce natural pero aún así, siento que me ahogan. Mi último contrato laboral se acaba sin posibilidad de renovación, me quedo sin los ingresos que han ido solventando mis facturas y la hipoteca. Es verano y no se si quedarme en casa y buscar trabajo desde ya mismo o irme de aquí una temporada, dejar que mi familia me arrope hasta sentirme mejor. Lo cierto es que me veo sumida en una depresión y sin fuerzas para comenzar esta batalla.
Por primera vez en todo este tiempo la sensación de soledad se me ha caído encima y el golpe ha terminado obligándome a buscar ayuda médica. No tengo ganas de levantarme de la cama, me cuesta dormir porque en mi cabeza bullen mil historias y un millón de malos recuerdos, lloro a todas horas sin consuelo y me siento la persona más patética del mundo. Sin duda todas las penas, los conflictos internos, las batallas perdidas en los últimos años, me han hecho enfermar y ahora ya ni se porqué sufro. La verdad es que tampoco me importa en este momento, nada tiene sentido en mi vida, me siento inútil para la sociedad, al no ser capaz de encontrar un trabajo permanente, y para mí misma, incapaz como soy de ser completa, de encontrar una persona que me haga cambiar de rumbo la vida y dé vuelta a mis ideas prefabricadas, alguien que sea mi apoyo y confidente, que ocupe en definitiva el hueco que creí pertenecería por siempre a mi hermana. Hace un año que no la vemos y este verano tampoco vendrán, será difícil estar en el pueblo sin ella. No faltarán los recuerdos en cada esquina de la casa familiar, en el río, en los paseos de la tarde. ¿Por qué no puedo dejar atras el pasado? No encuentro la manera de sacar a delante mi vida como lo hacen los demás, viéndoles desde mi isla todo parece tan sencillo....¿Por qué todo se me complica? ¿Qué demonios pasa conmigo?

En toda mi vida nadie ha despertado en mi la necesidad de formalizar una relación, no encuentro a nadie que me atraiga completamente, es inútil seguir sometiéndome a experimentos sexuales que siempre me dejan un inmenso vacío y sensaciones muy desagradables y confusas. ¿Qué me pasa? ¿por qué no pueden ocurrirme a mi las cosas que les pasan a los demás? Mis amigas se han emparejado o incluso casado recientemente, mis amigos tienen novias y trabajos fijos que hacen cada vez más difícil que podamos vernos y quedar como antes, por su puesto es natural y me alegro por ellos, pero todo se va al traste para mi y parece que mi evolución se ha detenido súbitamente cuando apenas empezaba. Las aguas del río de la vida trasportan y mecen dulcemente en su caminar sin tregua a la gente que me rodea sin que ellos, en su avance, sean conscientes tan siquiera, tan solo se dejan llevar, mientras yo, sin barca ni salvavidas me voy poco a poco al fondo, las aguas bravas no dejan que saque la cabeza para respirar y cuando lo hago, me golpean contra las rocas que emergen inesperadas a mi paso sinque nadie lo vea, sin una mano amiga que me saque del agua. No puedo retener las lágrimas que crecen hasta convertirse en llanto día y noche, necesito medicación.

Llevo un par de meses con tratamiento psiquiátrico para la depresión. Aunque la doctora solo me cita una vez al mes para hacerme una nueva receta y ver cómo sigo, yo quiero aprovechar las visitas para plantearle mis dudas. Siento un enorme vacío existencial y esta mujer parece no tomarme en serio. Le digo que la relación que desde pequeñas tuvimos mi hermana y yo tal vez tenga algo que ver con la angustia que ahora me produce tenerla tan lejos, que mis amistades se van alejando también porque cada uno ha encontrado su camino y sus intereses son otros actualmente, que las amigas solteras que me quedan están buscando pareja desesperadas y me aburren con su monotemática conversación, sus inquietudes nada tienen que ver con las mías y hasta empiezo a tener dudas sobre mi sexualidad, ya no se si me gustan las mujeres o los hombres, quién sabe, tal vez todo esto enmascare una homosexualidad reprimida...... La doctora se limita a recetarme paseos, aunque sean en solitario dice, me harán bien, y alguna actividad donde poder entablar nuevas relaciones. Para la ansiedad me recomienda Tai Chi o yoga y, sobre mis dudas sexuales afirma no ser ella la que deba resolver esa cuestión porque yo mejor que nadie debería saberlo, en esto estamos de acuerdo aunque yo siento que deberíamos haber profundizado más en el tema. En el fondo, tras mi ser independiente creo firmemente que la vida está hecha para caminar por ella de dos en dos, todo es más llevadero si es compartido. Me dice que tengo una muy buena capacidad de auto análisis y que no puede hacer nada más por mí, que siga con las pastillas para la ansiedad y las píldoras para dormir y que, a partir de ahora, acuda a mi médico de cabecera si vuelvo a sentirme mal.
El camino ha sido largo y oscuro, he vivido un duelo que, estoy segura, pronto superaré.
Al final romper el cordón umbilical que me ataba a mi hermana me ha servido para encontrarme conmigo misma. Es el principio de un descubrimiento novedosos. Esa enfermiza relación de dependencia que tenía con ella me nublaba el pensamiento, me puso una venda en los ojos de la que tan solo ahora he podido liberarme, aunque no gracias a la ayuda de la sagaz especialista que, eso sí, supo recetarme las pastillas adecuadas para calmar mi mente inquieta y ayudarme a centrar de nuevo mis pensamientos.
Aunque suene extraño, había aceptado que Eva, mi hermana, ahora puedo revelar su nombre sin sentir dolor y rabia hacia ella, sería mi compañera el resto de nuestras vidas. No hubiera sido nada inusual en nuestra familia ya que los dos hermanos solteros de nuestro padre comparten piso y vida desde siempre, también los padrinos de bautizo de Eva, Amelia y José, siguen solteros y viviendo en el antiguo piso familiar, dos hermanas hijas de unos amigos de nuestros padres... Conozco más casos en nuestro entorno y se que nadie nos lo hubiera reprochado. Pero, nosotras hemos resultado ser más diferentes de lo que yo quise jamás.

Siempre le he hecho caso al saber popular que dice que no hay mal que por bien no venga, y espero que todo el mal que he padecido hasta ahora y que me envenenaba, tenga su finalidad. Todo lo sufrido, todo lo llorado, ha abierto los ojos de mi mente haciéndome más consciente de mi misma y de quién soy, creo que empiezo a mudar la vieja piel del pasado para vestir con otra nueva y más resistente. He de aprender a depender tan solo de mí ya que es muy posible que mi destino sea caminar sola, debo creer más en mí. He de empezar a conocerme y a aceptarme. Aún queda mucho camino por andar pero esta vez sobre firme, fuera del agua.

lunes, 14 de junio de 2010

Diario de una asexual. Cap.6

Lucía, septiembre de 2003

Aquella no fue mi única experiencia con el sexo. En estos últimos años y siempre después de una noche de juerga y copas, he tenido momentos de abandono y delirio en los que he vuelto a dejarme llevar y que me han hecho caer en las camas de nuevos amantes, aunque no siempre tan desconocidos como aquel primero.
Hace un par de años, uno de mis primos me presentó en una fiesta de Nochevieja a uno de sus amigos. Aquellas Navidades yo estaba muy disgustada con mi hermana, las cosas entre nosotras nunca han vuelto a estar bien desde su historia con Héctor. Ahora dice no estar enamorada de David, pero no pierde la ocasión de salir con él e incluso se van juntos de escapada romántica. David es un joven cubano, muy atractivo, educado y afectuoso, lo único que tiene de malo es que se va a Canadá en unos meses. Vino a España para reencontrarse con su familia antes de iniciar sus estudios en Toronto donde ya le han concedido una beca en la universidad. Mi hermana tiene trabajo aquí, aunque ya ha finalizado sus estudios, tiene la ilusión de opositar para lograr una plaza en educación. Las dos vemos absurda la posibilidad de una relación seria con David, ella misma se divierte con la idea de librarse de su conquistador presentándole amigas solteras. Tiene todo el aspecto de ser un latin lover, rubio y con los ojos azul cielo, pero se ha enamorado perdidamente de mi hermana desde que la vio por vez primera, es muy evidente. Yo la he preguntado en reiteradas ocasiones qué siente por él, conociendo como conozco su propensión a enamorarse, temo que me engaña cuando niega sentir algo más que cariño y amistad. Esta noche, celebraran la Nochevieja en su casa, con su familia, como una pareja formal. No entiendo porqué me miente, he llegado a pensar que se engaña a si misma porque sabe que sus relaciones siempre son complicadas y que no le convienen, a pesar de lo cuál no puede evitar sumergirse en ellas sin más razonamientos. Quizá esa sea la mayor diferencia entre nosotras y es sin duda la fuente de todos nuestros enfrentamientos, ella es visceral y apasionada mientras que yo soy más fría y cerebral.
Una vez más me ha dejado plantada, como aquél verano con Héctor. Pero en esta ocasión, pienso ser la protagonista de mi propia película y voy a salir a divertirme sin pensar más en el asunto.
Mi primo me ha presentado a sus amigos, entre ellos está Víctor, un chico extraño, todo un personaje, pero es divertido. La fiesta invita a beber y yo empiezo mi juego inconsciente y seductor con él. Le cuento todos mis males, me escucha, bailamos......Es el tipo de chico que te agarra y no te suelta. No deja de abrazarme, me coge de la cintura, me besa el cuello y yo se lo permito. Poco a poco voy cediendo terreno al enemigo y me siento bien en el juego. Quizá en cualquier otra situación no hubiera permitido que un tipo como él se me acercase ni para un baile, no tiene nada de agraciado, está ebrio y gangosea. Además, no suelo soportar tanto sobeteo de nadie.
Sin embargo, esa noche volví a abandonarme en un nuevo intento por sentir, por ser ardiente y apasionada, pero una vez más algo falló. Envuelta en una nube etílica y despechada por el engaño y traición de mi hermana, volví a interpretar un papel que no era para mí.
Fue terrible la sensación al llegar a casa la mañana siguiente, pero en esta ocasión no solo por mí, por mi locura, también por él, es íntimo amigo de mi primo, un buen chico que me demostró cuál era la diferencia entre acostarse con alguien por placer y poner en el mismo acto sentimientos más románticos. A pesar de su torpe intento de satisfacerme se nota que no posee la habilidad ni la experiencia de mi joven amante venezolano, fue rápido, lo cuál dadas las circunstancias es preferible para mi. No sentí nada, perdida como estaba en mis propios pensamientos, me visitaron los fantasmas de la angustia y del remordimiento justo cuando ya era demasiado tarde. Me llevó a casa de su hermana, un piso desocupado que espera poder quedarse en régimen de alquiler el día que encuentre alguien con quien compartirlo.

Víctor se prendó de mí, tengo la sensación de que no hubiese querido llevarme a la cama tan pronto por temor a que todo quedase en un mero encuentro sexual. Él quería ir despacio conmigo, quería que juntos empezásemos algo duradero, así es de sentimental, y yo con mi comportamiento tiré por tierra sus ilusiones, fui superficial sin pensar en aquél momento en nadie más que en mi. Con la luz del día y los vapores etílicos ya disipados puedo darme cuenta de todo esto y me siento mal por partida doble.
He vuelto a ver a Víctor en más de una ocasión. El pobre muchacho se ha enamorado de mi a pesar de que sabe que no le quiero, es más, me consta que en ocasiones he llegado a ser brusca con él incluso delante de sus amigos que nos provocan para ver si un año de estos nos convertimos en la extraña pareja. No puedo evitarlo, después de las confianzas otorgadas aquél fatídico fin de año, cada vez que me ve se engancha a mi y me agarra hasta casi no dejarme espacio para respirar, me pone carita de perrillo abandonado si hablo un momento con otro que no sea él, no lo soporto, nunca me ha gustado caminar abrazada o de la mano de nadie, ni siquiera cuando salía con Julio, aunque era diferente. Mí primo, que quiere a su amigo, no me reprocha nada, he tenido ocasiones de sobra para explicarle mi sentir hacia Víctor y tiene claro, conociéndonos a ambos, que no tenemos nada que ver. Víctor busca una esposa, una mujer hogareña que le de hijos y cuide de él y de su casa. Yo soy exactamente el polo opuesto, no quiero ser madre de nadie y mucho menos de mi futura pareja. Siempre he sido mujer independiente, no estoy acostumbrada a pedir ayuda de ningún tipo y deseo que pasen pronto estos meses para poder instalarme en mi propia casa, sola, al fin. Tal vez suene huraño por mi parte todo esto pero no soy una persona fría. A pesar de mi carácter independiente, necesito del cariño de mis amigos, de su presencia y trato. Supongo que esta tan solo sea una etapa de transición y que muy pronto soplarán vientos más cálidos para el amor.

Lucía, junio de 2004

Hace tres meses que David, el novio de mi hermana se ha marchado definitivamente a Canadá para iniciar sus estudios y mi hermana ya tiene todo preparado para irse con él.
Yo ya tengo mi piso y muchas ganas de terminar de acondicionarlo para mudarme cuanto antes.
Este ha sido un año de grandes cambios, cambios necesarios y positivos. La vida avanza y nos empuja a crecer y emanciparnos.
Al final seré yo la primera que abandone el nido familiar, pero mi hermana no tardando mucho emprenderá el viaje más importante de su vida y con él romperá el cordón que nos unía y que tanto daño nos ha causado a ambas. Lleva un permiso de residencia temporal que la permitirá quedarse en Toronto por tres meses tras los cuales tendrá que regresar, a menos que, encuentre un trabajo o se case con un residente. Ya nos ha comunicado sus intenciones de casarse con David, no tiene dudas y aunque todos estamos perplejos y confusos, nadie se opondrá a sus deseos. Va a ser duro para mis padres dejarla ir sola, tan lejos y sin más respaldo que el de un joven al que apenas les ha dado tiempo a conocer. Pero la vida es así, ella es lo suficientemente adulta e inteligente como para saber lo que hace y que, si algo no sale bien, aquí todos la recibiremos con los brazos abiertos. Se que nuestros padres sufrirán, pero yo estoy muy tranquila, casi sorprendida por lo bien que estoy llevando todo esto. En el fondo se que es lo mejor para ambas y confío en que esta vez todo le vaya bien.
Mi mente cuadriculada siempre ha tenido muy claros los objetivos a alcanzar en la vida y el orden en que debían ser alcanzados, una carrera, un trabajo, una casa, un coche, un marido, hijos,.....Todo muy clásico quizá pero culpo a la sociedad por inculcarme estos deseos. Por ello, pensé que cuando lograse tener mi propia casa, todos mis esfuerzos se dirigirían al empeño de encontrar una pareja sentimental, tal vez luego, el deseo de tener mis propios hijos me llevara a crear mi propia familia y luego ya nada más me crearía incertidumbre, luego mi gran lucha se convertiría en las pequeñas batallas cotidianas que siempre había visto librar con éxito a las mujeres de mi familia. Me temo que soy algo obsesiva cuando de conseguir mis metas se trata, y no me permito la más leve distracción hasta que logro lo que quiero. De esta forma, siempre culpé de mi nula apetencia sentimental por los hombres al ciego empeño por acabar mis estudios para así sentirme realizada, a la agotadora búsqueda de una estabilidad económica que me hiciera sentir libre, a mi necesidad vital de tener mi propia casa y ser por fin independiente. Pensé que con todo ello, una vez logrado, me sentiría más plena, que mis obsesiones desaparecerían y dejarían espacio para que surgieran nuevas necesidades menos materialistas. Tal vez así comenzase la siguiente etapa y sentiría la falta de un amor, un ser para compartir todo lo logrado y con quien construir el futuro. Ahora, el tiempo dirá.

martes, 8 de junio de 2010

Diario de una asexual. Cap.5

Lucía, enero de 2001

Ya es hora de regresar a casa. La vida en Valencia no ha ido como esperábamos para ninguno de los tres.
Mi hermana hace meses que nos abandonó. No acabó de adaptarse a la ciudad y añora demasiado a la familia y a sus amigos.
En este último año he salido poco de fiesta, pero he conocido gente maravillosa en el trabajo. Sí, he encontrado trabajo en menos de un mes, soy correturnos en Blockbuster. No gano mucho pero me da para mantenerme y además comparto gastos con Manuel.
Julio ha venido a verme en verano, hemos pasado una semana estupenda juntos, nada parece haber cambiado entre nosotros aunque es cierto que nos mostramos más prudentes o recelosos a la hora de abrazarnos, es como volver a conquistar el terreno. Pero tenemos la grata sensación de saber que en todo este tiempo, nadie más a aparecido en nuestras vidas que pueda hacernos replantear nuestra relación. Yo, por mi parte, he tratado de mentalizarme desde la distancia de estos meses pensando que fácilmente, cualquier noche, conocerá en algún bar una chica que sepa lo que quiere y decida seducirlo, es un hombre muy guapo a pesar de no ser muy alto, es atento, equilibrado y muy divertido. Su diálogo es siempre ingenioso y tiene ese punto de ternura que no he visto nunca en nadie más y me encanta. Pero ni con todo esto se ha despertado en mi la pasión necesaria, entiendo yo, para normalizar nuestra situación hasta poder alcanzar compromisos más formales. Me gusta nuestra relación tal y como está, pero se que él no lo tiene tan claro como yo.
Pasadas las navidades, he regresado a casa, Manuel lo hará en a penas un mes. Le he dejado solo, no he visto otra solución ya que el dinero se acaba. Lo hemos pasado mal económicamente a pesar de no haberme faltado el trabajo, mi compañero ha tardado mucho en encontrarlo y he tenido que hacerme cargo de todos los gastos. Ahora él se queda hasta finalizar contrato, pero se ve forzado por mi marcha a regresar a casa y lo hace con una desagradable sensación de fracaso.
De todos modos, he crecido mucho con la experiencia y regreso dispuesta a encontrar una nueva oportunidad en mi tierra.
Las amistades de siempre, con las que nunca perdí el contacto, han ido encontrando sus parejas, sus trabajos, y las relaciones han cambiado. Parece mentira el enorme cambio en tan poco tiempo. Han pasado muchas cosas por aquí en este último año de ausencia.

Lucía, agosto de 2001

Fue en febrero la última vez que vi a Julio. Le he visto tres veces más desde que regresé. En esa ocasión le noté desesperado como nunca antes, se diría que muy nervioso. Fue todo tan extraño. Sin perder ni por un minuto la dulzura ni su eterna sonrisa, me agarraba de la cintura mientras caminábamos de un modo muy diferente a como solíamos hacer. Yo me sentía la tabla a la que se aferra el naufrago esperando la ola que lo arrastre al fondo inevitablemente. Le vi rendirse y no entendí nada en aquel momento. Me dejé abrazar por él aunque de su cuerpo me llegaba como una corriente fría en lugar del calor a que me tenía acostumbrada. Las situaciones resultaban forzadas, trataba de decirme algo pero no sabía cómo ni yo sospechaba el qué.
Ya es verano de nuevo, todo acaba de encajar. Se por una amiga que julio ha vuelto con su ex novia. Fue su primera novia y la causa de que Julio y yo nos conociéramos. Cuando acabó su relación, él buscó refugio en sus amigos que también eran los míos y así, amparados y protegidos vimos crecer nuestra amistad hasta convertirse en una historia que nadie más podrá entender. Pero aquella tarde, en febrero, creo que trató de encontrar, en alguno de los dos, los motivos para continuar con algo que nunca llegó a empezar siquiera. Yo me había enfriado, volví convencida de que no le quería y dispuesta a dejarle ir si se presentaba el caso, y así ha sido. No puedo sentirme mal. Me duele el saber que ya no estará ahí ni como amigo, pero se que deseaba tener pareja, una relación normal con planes de futuro y compromiso mutuo.
Ahora siento que una nueva etapa comienza en mi vida y he de poner punto final a todo lo demás.

Lucía, noviembre de 2001

Salgo muy a menudo a bailar, es algo que me encanta. Mi aspecto físico ha ido mejorando y refleja mi cambio interior. Soy más segura, más fuerte e independiente. He decidido comprarme un piso porque los alquileres no me resultan más baratos que las hipotecas y parece que la gente es reacia a arrendar pisos a la juventud, sobre todo si como yo no tienes un contrato fijo. Desde que llegué no he tenido problema para encontrar trabajo y, como vivo de nuevo con mis padres, lo poco que gano me da para ahorrar.
La pasada noche, como tantas otras, conocí a un chico. Resulta gracioso que si bien por el día parezco invisible para los hombres, en la noche tengo el éxito asegurado y, a pesar de ser la menos interesada en conocer a alguien, de entre todas mis amigas soy la que se lleva la palma en las conquistas. Será por mi forma de bailar, todos me dicen que resulta muy sexy!!
No suelo hacer caso alguno a los chicos que se me acercan. Un baile, una copa con charla, e incluso unos pocos besos es lo más que se han llevado de mí, hasta la otra noche. El chico que se acercó a conocerme era diferente, era venezolano y quizá su acento tan de telenovela me desarmó. Me contó toda su vida entre baile y copas, nos acompañó hasta bien entrada la madrugada a mis amigas y a mí. No pude despedirme de él, sus besos me lo impedían. Cuando acompañamos a mis amigas a la parada de taxis y nos quedamos solos, no se qué me ocurrió. Estaba embriaga de alcohol pero no tanto como para no saber lo que hacía, sus palabras me hacían sentir que nos conocíamos quizá de otra vida, sus besos no demostraban excitación y no me sentí presionada a acompañarle hasta su casa. Simplemente me dejé llevar.
De esto hace dos días y mi cuerpo tiembla como si algo dentro de mi quisiera escapar y permanecer ajeno a todo aquello. Mi ser rechaza todo recuerdo tratando de negar lo que ocurrió. ¿Pero por qué? ¿Por qué me siento así si fue algo bonito que muchas hubieran deseado vivir? Fue un momento dulce, romántico, cálido. A pesar de mi mala conciencia, me siento bien por haber sido capaz de demostrarme a mí misma que no tengo ningún rechazo al sexo, que soy capaz de dejarme querer. Ahora las preguntas se agolpan en mi cabeza, el corazón me va a mil y quisiera poder explicarme por qué con él sí y con Julio no. He de admitir que no me quedan más ganas de repetir la experiencia. No fue el deseo el que me empujó a hacerlo, no se qué fue, tal vez un arranque de valor, un impulso de esta nueva Lucía que aún estoy por descubrir. Creo que en el fondo conozco la respuesta, y es que no ha sido una experiencia satisfactoria y se que no es muy probable que vuelva a ver a mi amante de la otra noche, si esto hubiera ocurrido con Julio, nuestra relación se hubiera hecho añicos y con ella, la relación con el resto de amigos que para bien y para mal eran comunes. No lo hubiera soportado, así que quizá fue lo mejor. Creo que en el fondo siempre fui muy sincera con él.
Lo ocurrido la otra noche no me produjo ni frío ni calor. Me comporté como una actriz que conoce su papel a la perfección en una película en la que además fui la única espectadora. Fingí cada gesto, cada palabra, quise disfrutar el momento y solo logré abstraerme, abandonar mi cuerpo en manos ajenas y así puede verlo todo, desde afuera, muy lejos de la habitación en penumbra, como si mi mente estuviera en casa viendo esta peli en televisión.
El chico trató de acompañarme a casa después, me pidió mi número de teléfono, otra cita.....Apunté su número con la promesa de llamarle algún otro día. Sabía perfectamente dónde trabajaba ya que era el encargado de la seguridad en el pub donde nos habíamos conocido unas horas antes. Pero me fui sola, dándole un último beso de despedida y con la certeza de que no querría volver a verle más.
Ayer me desperté muy tarde, como si deseara que todo hubiera ocurrido en mis sueños y esperase encontrar en ellos todas las respuestas. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué con un desconocido por el que no sentía nada? Recuerdo la primera vez que me besaron, era una adolescente y él un amigo de una amiga de otra amiga mía, un chico que no me gustaba en ningún sentido, estaba borracho, era poco agraciado físicamente y no dejó de perseguirme toda la noche con su insulsa e incoherente charla. Sin embargo, cuando me preguntó si podía besarme le dije que sí. ¿Por qué? Aún no lo se. Me besó con los labios húmedos, dulzones por lo que estaba bebiendo y poco expertos, pero lo más desagradable fue su impertinente lengua. No me esperaba que un primer beso entre dos desconocidos fuera a ser tan violento. No fue una experiencia para repetir. Con el tiempo fui experimentando otros besos, besos tímidos y temblorosos que pretendían ser tarjeta de presentación de aquél que los daba, besos maestros que trataban de impresionar sin lograrlo, besos eróticos preludio de un encuentro sexual dado por hecho, besos con apretado abrazo que a punto estuvieron de partirme las costillas, pero todos ellos besos sexuales que a la espera de poder introducir otra cosa, introducían las lenguas hasta el fondo de mi boca anudándose con mi lengua y mordiendo mis labios con ímpetu no siempre correspondida. Pero a pesar de dejarme besar y besar yo a mi vez, nunca encontré lo que esperaba encontrar, nunca nublaron mi mente ni prendieron llama en mi. Era muy diferente lo que sentía cuando besaba a Julio, al menos con él sentía un profundo amor sincero que me inspiraba hasta el punto de tomar yo la iniciativa de besar. Con él practiqué mis besos preferidos, esos que parece que solo se dan en el cine, los besos labio a labio, tras cada uno de los cuales la boca se vuelve más y más carnosa ofreciendo mayor superficie sensitiva.
Del mismo modo que nunca sentí nada besando a ningún otro, tampoco sentí nada con mi inesperado amante de hace dos noches. Tan solo me queda un frío recuerdo que procuro evitar, me hace sentir rara en mi propio cuerpo y, sin embargo, no me arrepiento, creo que es algo que tenía que hacer, debía experimentar sin correr riesgos emocionales.
Ahora solo quiero que se me pase esta sensación desconocida que hace que no reconozca mi propio cuerpo como si una extraña metamorfosis se hubiera obrado en mi.

lunes, 31 de mayo de 2010

Diario de una asexual. Cap.4

Lucía , junio de 1999

He decidido que tras terminar mis estudios de magisterio debo irme y empezar una nueva vida en otro lugar. Tengo ganas de emanciparme, de vivir sin la protección de mis padres, de saber si soy capaz de cuidar de mí misma, de trabajar mientras preparo mis oposiciones. El lugar escogido es Valencia. Creo que allí tendré más facilidades para conseguir un trabajo enseguida y, además, es uno de los sitios, dentro de la península, donde se convocan mayor número de plazas para educación.
Sin embargo, y a pesar de mis ganas, no me atrevo a ir sola y he convencido a mi hermana y a un amigo de la pandilla para acompañarme en esta aventura. Ella acaba también de finalizar sus estudios de economía y Manuel está en el paro por lo que es un buen momento para los tres.
Dejaremos atrás un montón de cosas, la familia, nuestros amigos y amigas, la vida de estudiante, nuestra ciudad, y todo lo conocido hasta ahora.
La relación de mi hermana con Héctor terminó hace a penas dos meses. Ha sido una historia de dolor, humillación y desamor. Al final ha llegado el desengaño que ha abierto sus ojos y le ha dado fuerzas para comenzar de nuevo y ponerle fin a lo que, en mi opinión, no debió comenzar jamás.
El pasado fin de semana nos volvimos a reunir toda la pandilla como llevamos haciendo desde hace ya varios años. Hicimos una cena para contarles a todos nuestros planes y despedirnos, aunque no somos muy conscientes de ello. Es muy posible que pasen meses antes de que podamos volver a encontrarnos, todos juntos, otra vez. Los sentimientos se confunden entre la ilusión por el cambio que se avecina y a cuyo abismo nos lanzamos totalmente a ciegas con la fuerza que nos da la fe en un futuro de mejor y, sobre todo, la dicha de no hacerlo solos, y el miedo a los cambios que nos esperan. Manuel tiene mucha confianza en nosotras, nos profesamos un cariño de hermanos desde hace mucho tiempo. Es tan fácil quererle. Yo, me llevo todo lo que necesito, me llevo a mi hermana ya sin ataduras ni compromisos que la alejen de mí. Creo que si ella no hubiera secundado mi plan, me hubiera echado atrás; soy capaza de separarme de todo menos de ella. Después de su pasada historia me he dado cuenta de la importancia que tiene en mi vida. Todo el mundo pensaba desde niñas que ella era la que dependía de mí y buscaba mi protección de hermana mayor, pero la vida me ha hecho ver que puede que sea justo al revés.
En cuanto a Julio, mi Julio, al que he tenido a mi lado en lo bueno y en lo malo todos estos años queriéndome a pesar de la distancia que siempre, sin pretenderlo, he mantenido con él, la noche de la cena ha estado aún más cerca de mí que de costumbre, me ha preguntado, lleno de melancolía, hasta cuándo durará lo nuestro. Le ha desgarrado el alma mi decisión. Una decisión que nos separa no solo físicamente. No he sabido qué responder y le he prometido estar ahí, con él, aún en la distancia. Pero ambos sabemos que la distancia hará más complicada una relación de por sí diferente a cualquier otra por lo poco convencional. Él no puede acompañarme. Acaba de encontrar su primer empleo importante, tiene muchas posibilidades de quedarse en la empresa en pocos meses y yo, por nada del mundo le pediría que lo dejase todo por mí. Tampoco él ha insistido en que no me vaya porque sabe que de nada serviría, me conoce demasiado bien.
No voy a negar que me duele esta separación, que me voy con la idea de volver a verle muy pronto y con la certeza de que estaremos en contacto cada día.
En todos estos años he intentado evitar situaciones íntimas entre nosotros. Ha habido muchos besos sí, muchos y cálidos abrazos en los que perderme y que dejaban en mi cuerpo la sinceridad de unos sentimientos mutuos y profundos, pero he sabido cambiar de rumbo la situación en cuanto ha aparecido la tensión sexual. Se que le atraigo mucho y eso le empuja, como es natural, a acercarse a mí físicamente; me abraza en cuanto aparece la más mínima oportunidad y me acaricia como solo a él le permito. Acepto sus muestras de cariño con mucho agrado, pero me violenta sobre manera su excitación. Nunca lo hemos hablado, jamás me ha recriminado nada. Estoy convencida de que sabe que mi rechazo no es hacia él sino hacia el sexo. Quizá aún no estoy preparada, quizá estoy demasiado implicada en construir mi futuro y no pienso en nada más. Si lo nuestro es un noviazgo, parece estar hecho a la medida para mí. Ningún otro hombre hubiese seguido a mi lado en estas condiciones.
Aún recuerdo la noche que se atrevió a pedirme que fuésemos al cine él y yo solos por primera vez. Ambos habíamos tomado unas copas y, a pesar de ello, sentí el rubor subir por mis mejillas. Le dije que sí inmediatamente y sin pensar, temiendo que esperar un minuto para contestar pudiera cambiar mi respuesta o permitiera un asomo de duda que le hiciera sentir mal por su osadía. Fue toda una sorpresa y suponía una novedad en nuestra relación, pensé entonces que incluso podría ser un avance y me asusté ante esta posibilidad. Sin embargo, a pesar de temblar de inseguridad y de no sentir ni la más mínima ilusión, se lo conté de inmediato a mis amigas, entre ellas mi hermana, amparándome en el bullicio del local de copas atestado de gente a esa hora. Hubo revuelo general y temor por mi parte de que Julio se enterara de mi confidencia pudiendo interpretarla erróneamente como grata emoción por mi parte. No quería que se ilusionara con la idea de una declaración de amor tras una supuestamente romántica sesión de cine al estilo más tradicional y arcaico.
Concretamos la cita para un par de días más tarde. La sensación que puedo recordar más vivamente es la de angustia. Angustia ante la posibilidad de una declaración por su parte sabiendo yo que mi respuesta sería negativa. ¿Por qué estropearlo todo intentando encajar en un formato estándar de relación de pareja? Julio me daba todo cuanto yo necesitaba por el momento de un hombre, aunque siempre temí que eso no sería así indefinidamente, ya que tal vez no fuese lo mismo para él y a pesar de no haber dado nunca indicios de frustración, impaciencia o incomodidad a mi lado. Y si no era éste el motivo ¿qué otro podría haber?, si a los dos nos gustaba vernos rodeados de nuestros amigos y amigas de siempre, compartiendo juegos, risas y buenos ratos unos con otros sin que ello nos impidiera estar juntos en nuestro pequeño universo privado mientras lo demás ocurría a nuestro alrededor. Nadie sabe, ni siquiera mi hermana, de aquel conflicto interno que me ahogaba día y noche pensando qué le iba a contestar si ocurría lo peor. No quería que el no sonara a rechazo pero dar un sí suponía entrar en un nivel totalmente desconocido para mí. De ninguna manera me veía quedando todas las tardes con él para pasear o lo que fuese, la sola idea me aburría. Temía tener que responder forzosamente a sus besos que serían mucho más frecuentes y apasionados en cuanto le diéramos nombre oficial a nuestra relación. Inmersos en el noviazgo deberíamos pensar en enojosos aspectos como los métodos anticonceptivos ya que, se supone, comenzaríamos a mantener encuentros sexuales. Todo esto me horrorizaba tanto como el hecho mismo de pensar sin descanso en ello. ¿Era normal darle tantas vueltas a un acontecimiento tan natural y humano? ¿Por qué tanto miedo, tantas dudas? En el fondo me arrepentía terriblemente de haberle dicho que sí la pasada noche y de haberme, con ello, metido en la boca del lobo. Yo que tan hábil he sido siempre para escapar de situaciones comprometidas. A pesar de todo esto, había en mi interior un diminuto y a penas perceptible atisbo de sensatez que me obligaba a no dar una excusa de última hora para acudir al encuentro. Y es que quería convencerme de que todo se me pasaría en cuanto le tuviese en frente, que todo fluiría y el cariño y confianza que hay entre nosotros disiparía todas las dudas haciéndome sentir ridícula y aliviada al fin. Me dije a mí misma que acabaría por enamorarme como cualquier otra mujer de mi edad y que era tiempo lo único que necesitaba, que Julio jamás me forzaría a nada que yo no quisiera y que el hecho de formalizar la relación no tendría por qué cambiar tan radicalmente las cosas.

El día llegó. Nos encontramos en la puerta del cine donde él me esperaba resguardado de la lluvia que caía aquella tarde otoñal. Ambos llevábamos pesados abrigos para el frío y decidimos tomar un café antes de que comenzara la sesión. En la mesa se creó cierta tensión que ambos notamos y que nos impedía iniciar una conversación fluida y coherente. Fueron los diez minutos más largos de mi vida. A la hora de pagar Julio se levantó caballerosamente y quiso invitarme al café. Yo no tenía muy claro si en aquellas circunstancias era prudente o no permitirlo aunque no era algo extraordinario ya que siempre ha sido muy generoso y atento con los amigos y amigas que aún no tenemos trabajo. Salí de aquella cafetería con ligereza y sabiendo que, al menos durante la próxima hora y media de duración de la película, no tendríamos ocasión de hablar. No pedimos palomitas, ni bebidas, ni tan siquiera nos lo planteamos. Parecíamos estar a años luz de distancia el uno de el otro flotando en aquella atmósfera ajena y tan diferente a la nuestra, que nos ahogaba. Le noté extrañamente desconocido. De haber sido ya una pareja de novios, cualquiera hubiera dicho que no pasábamos por nuestro mejor momento. A penas un par de comentarios en la sala, un par de miradas de reojo, seguramente para constatar el grado de sopor que pudiera producirnos la proyección, una sonrisa para aliviar tensiones y, nada más.
La sensación de angustia volvió a mí como una bocanada de aire gélido al acabar la sesión. Inconscientemente, casi en un acto reflejo, me envolví en mi abrigo antes de salir siquiera de la sala en un intento infantil de hacerme invisible a sus ojos. Esperamos en fila a que la multitud despejara el pasillo que conducía a la salida del cine y, una vez allí, uno al lado del otro, nos miramos interrogativamente. Sin pronunciar palabra comprendimos que la posibilidad de ir a otro sitio a charlar y tomar algo se esfumaba y que ningún intento por nuestra parte cambiaría eso. Me pareció ver en sus ojos un brillo entre desencanto y decepción y le vi abandonar toda esperanza de hablar conmigo. Supe también que nunca más volvería a intentar otra cita a solas. Ninguno de los dos nos sentimos cómodos en aquella situación y no puedo explicar por qué. Tal vez mi frialdad inusual, la dificultad para encontrar un tema de conversación agradable, como lo son siempre entre nosotros, mi postura corporal seguramente rígida y distante, un cúmulo de cosas que convirtieron aquella cita en un completo desastre del que después no hubo nada bueno que comentar. Él me traspasa hasta lo más profundo de mi conciencia y siempre supe de su capacidad para leerme el pensamiento, estoy segura que, aún sin hablar, vio en mí la negativa a cualquier propuesta que pudiera hacerme en ese momento. Soy así, una imbecil egoísta e insegura que no sabe lo que quiere. Esa noche lloré, lloré por mí, lloré de rabia y de impotencia aún sintiendo en mi alma el alivio de haber evitado lo peor.

martes, 25 de mayo de 2010

Diario de una asexual. Cap.3

Lucía, abril 1995


Querido diario. No escribo desde hace meses y es que no he encontrado las fuerzas para describir el terrible cambio que ha sufrido mi vida desde la última vez.
Este año es muy importante para mí pues acabo mis estudios de grado medio. Mi hermana y yo nos hemos apuntado a una academia para obtener el permiso de conducir. Pensamos prepararnos juntas y seguro que será divertido. Pero aún así, siento que ya no la conozco. Al final, su relación con Héctor se ha prolongado más allá del verano contra todo pronóstico y a pesar de la distancia entre ellos. Se ha convertido en un espectro entre nosotras. Nunca hablamos de él pero siempre está presente. Me irrita. Me molesta sobre manera que irrumpa en nuestra intimidad con sus inoportunas llamadas telefónicas que, además, se prolongan más allá de lo justificable. Desde que regresamos del pueblo al finalizar las vacaciones, no ha habido un momento solo para nosotras. Se acabó ver la televisión los sábados por la tarde, se acabó también tomar juntas el aperitivo disfrutando de una charla relajada, se acabó el nosotras porque ahora son ellos y yo.
No comprendo la necesidad de mi hermana en mantener una relación a distancia con alguien que además, según ella misma reconoce, no se está portando bien.

Ha llegado la Semana Santa y con ella mi cumpleaños. Amargo debido a los acontecimientos pero más aún porque será el primero que voy a celebrar sin ella . Se va. Dice que la ha invitado a pasar las fiestas en su casa y se irá con él. Será la primera de las dos en viajar en avión y también en conocer las Islas.
Se que suena a celos por mi parte pero debo explicar que lo que me duele en realidad es perder la oportunidad de vivir juntas estas nuevas experiencias.

La vida cotidiana en nuestro lugar de residencia habitual no tiene nada que ver con nuestras estancias en el pueblo. Del mismo modo, la gente con quien nos relacionamos tiene mucho más en común conmigo y por ello, es frecuente que salga de fiesta los sábados por la noche por propia iniciativa.
Mis amistades actuales también lo son de mi hermana, de hecho a la mayoría los he conocido a través de ella. Siempre ha sido más sociable que yo, más extravertida y más dulce al trato. No solo su físico sino también su personalidad templada la convierten en una persona muy atractiva.
Estoy muy satisfecha con el grupo de amigos y amigas que hemos formado. Somos una piña y generamos un ambiente tan positivo que no pasa desapercibido allá donde vayamos. No es extraño que, a lo largo de una noche, se nos vaya sumando gente contagiada por nuestro espíritu de diversión. Dentro del grupo no hay tensiones de ningún tipo aunque sí se han formado lazos especiales entre algunas parejas sin que ello merme nuestra unidad.
Es un sentimiento no manifiesto pero por todos conocido el que compartimos Julio y yo. No puedo describir lo que siento por él. Está claro que le gusto desde hace tiempo y él a mí. Me hace falta dentro del grupo, más que cualquier otra persona, pero no puedo decir que esté enamorada. También he de decir que nunca lo he estado y que tal vez un espíritu tan independiente y racional como el mío no sepa discriminar tal emoción de entre todas las que se acumulan en mi ser cuando estoy con él. Para todos, y para nosotros dos, somos pareja aunque no sepamos muy bien desde cuando. Julio y yo nos entendemos con solo mirarnos pero cuando hablamos siento con él una complicidad muy parecida a la que tengo con mi hermana y eso no me ha pasado nunca antes.
Junto con todo el grupo hemos vivido ya varios viajes de fin de semana. Escapadas que han servido para afianzar más nuestra amistad. Tengo la suerte de tenerlos a mi lado ahora que estoy sufriendo. Por otra parte, no es justo que cada vez que les vea sin mi hermana delante les agobie con la misma historia. Historia que todos ven normal aunque para calmarme me den la razón admitiendo que resulta un poco extraña una relación a tanta distancia y asegurándome que será flor de un día. Pero veo en nuestras amigas, hasta ahora todas sin pareja, un atisbo de envidia. Cuando creen que no estoy en la conversación, felicitan a mi hermana por haber encontrado novio y muestran interés por saber más detalles de la relación. Ninguna trata el tema si estoy delante, me temo, por la misma razón que no lo hace mi hermana cuando estamos en casa. Soy muy vehemente a la hora de expresar mis opiniones y todas saben cuál es mi postura en este caso. Quizá la posibilidad de crear un conflicto dentro del grupo las lleve a comportarse con cautela. Entiendo, de todas formas que no es cómoda la situación ya que nos aprecian a las dos por igual y no quieren posicionarse a favor de ninguna. Tampoco yo lo pretendo.

Salir con ellos cuando mi hermana se haya ido con Héctor va a resultar extraño. No se si voy a saber comportarme igual que siempre sin la seguridad que me da su presencia. Solo pensarlo hace que me sienta como si arrancasen una parte importante de mi ser.
Su ausencia no la llenará ni tan siquiera Julio. Mi relación con él podría calificarse cuando menos de peculiar. Aunque los dos buscamos nuestros momentos de intimidad, estos en su mayor parte, siempre han tenido lugar en presencia de nuestra pandilla. Nos gusta bailar juntos, compartimos nuestras bebidas, caminamos de la mano por la calle , aunque esto último me resulte incómodo, entre bromas y charlas. Conversamos mucho y yo se lo cuento todo. También a él le gusta compartir sus pensamientos conmigo cosa que le agradezco profundamente. Es comprensivo, dulce, sincero, paciente y muy respetuoso. Llevamos así unos meses, o quizá un año ya, y su timidez junto con mi confusión hace que no avancen mis sentimientos hacia él. Es sin duda el chico perfecto para mí y no entiendo qué me impide lanzarme a sus brazos y decirle que le amo. Tal vez precisamente eso, que no le amo. A veces pienso que le falta algo para ser definitivamente mi pareja ideal. Pero juro por lo más sagrado que no se qué es. Daría media vida por saber qué le falta para acabar de conquistarme como hombre y para despertar en mí la atracción necesaria.

lunes, 17 de mayo de 2010

Diario de una asexual.

Lucía, 15 de julio de 1994.

De repente, todas las energías estaban puestas en la conquista del galán del año y el más deseado por las féminas del pueblo. Tenía fama de conquistador y de no ser muy considerado con las infelices que caían en la trampa de sus encantos. Era muy guapo, si he de hacer honor a la verdad, alto y muy moreno de piel. Pero sobre todo era un seductor nato y mi hermana no podía dejar de suspirar día y noche por sus ojos verdes.
No era este el único chico que encandiló a mi enamoradiza hermana por aquella época. Lo cierto es que solía embelesarse por más de uno a la vez aunque no pasaran de ser amores platónicos.
Algo pasó ese verano que no llego a entender. Entre las chicas surgió cierta rivalidad, cosa más que frecuente en nuestro género, que llevó a la creación de dos grupos enfrentados entre sí por lo que para mí siempre han sido misteriosas conspiraciones. Pareció surgir de todo aquello una especie de pacto del que ninguna de las dos fuimos partícipes que evitó al final que mi hermana y este Adán sin paraíso llegaran a nada más que intercambiarse unas pocas cartas durante el año siguiente.
Cada año me sorprende más el extraño modo de actuar de la gente de este pueblo. Quizá sea por las vacaciones de verano que nos hacen a todos relajar la moral y las buenas costumbres, o quizá por proceder cada uno de un punto diferente del país no teniendo que volver a vernos hasta el año siguiente y favoreciendo así un cierto halo de espejismo, de irrealidad sobre todo en las frívolas noches.
De aquello han pasado ya varios años. Otros amores han tocado el corazón de mi hermanita sin llegar a materializarse. Por el contrario el mío no parece gustar de ideas románticas ni ha palpitado hasta el momento por nadie. Nunca he buscado media naranja y es que, en el fondo, me siento una naranja completa. Esto es lo que siempre contesto cuando alguien me pregunta por mi falta de pareja.

Pero hoy, le he comentado ilusionada a mi hermana el buen plan que se nos presentaba esta tarde. Van a emitir de nuevo una de nuestras películas favoritas. Tenía la certeza de que al decírselo, saltaría del sofá y comenzaríamos a recordar juntas algunas de las escenas más emocionantes. Siempre ha sido así. Nos causa gran placer compartir un momento para ver la televisión juntas o bailar por toda la casa al son de nuestra música. Música que hemos seleccionado entre las dos ya que desde siempre hemos tenido los mismos gustos, o eso creía yo. Disfrutamos de cada minuto que pasamos charlando de nada, paseando por la ciudad, jugando a algo en casa. Yo al menos así lo siento. Total, aún no hace tanto que dejamos atrás la niñez.
Nada salió como esperaba y en lugar de eso, me ha puesto cara de culpabilidad y me ha dicho que esta tarde ha quedado para tomar algo en casa de Héctor. Esto no me gusta nada, no lo entiendo. Hasta hace nada ella veía a Héctor como yo, un chico cariñoso al que apenas le había salido la barba aún y que, desde el verano pasado, había cambiado su afable e infantil comportamiento para convertirse en otro cazador más en busca de ligue. Si me cuesta ver la necesidad de tener pareja estable, mucho más me cuesta comprender porqué la gente desea vivir un “amor” o aventura de verano, tan efímera, tan inestable y la mayoría de las veces tan desafortunada. Estoy cansada de ver llorar a mis amigas cuando el verano llega a su fin y todo acaba, a veces bien y otras muchas como el rosario de la aurora.

Después de aquel verano en que él se me insinuaba, yo empecé a dejar que mi hermana saliera sola al pub donde nos reuníamos todos. A parte de este chico, no entablé lazos de amistad con nadie después de romperse el grupo de la infancia. Todos y todas parecían tener claros sus propósitos en las noches de verano y, para nada coincidían con los míos. Por eso dejé de acompañarla. No quise que Héctor siguiera interesado inútilmente en mí. Tampoco comprendo qué mueve a mi hermana a seguir saliendo con una gente de la que, al igual que yo, no guarda buena opinión, o eso me dice ella. Cuántas veces me ha dicho que no se siente aceptada y que tan solo algunos chicos la tratan con simpatía y cordialidad. Se me hace evidente que despierta envidias entre las demás pero ella, inocente, no se da cuenta y con tal de salir como todos los demás, hace ver que no le importa lo que ocurre a su alrededor.
Y ahora, no se qué ha podido pasar. Los acontecimientos han dado un giro inesperado y desde anoche mi hermana y Héctor han entablado una relación, acaba de confesarlo. Me resulta insólito y hasta gracioso porque me hubiera sido más fácil creer que esto pasara con cualquier otro antes que con él. No había indicio alguno de la más mínima atracción por parte de ninguno de los dos. Está claro que no he sido buena observadora. Tal vez me he perdido muchas cosas desde que no me trato con esa gente.

Siento que el mundo se tambalea. Esperaba que ella me hiciera partícipe de sus sentimientos y de las cosas que le van ocurriendo cada día. Por lo visto no es así.
Esta tarde se ha ido con él y presiento que no será la última. No se hasta donde llegará esto pero me da miedo y me invade una terrible sensación de soledad y abandono. Al mismo tiempo la incredulidad y un poso de confianza en ella me dicen que no ocurre nada, me lo habría contado si fuese algo serio. Mientras tanto veo sola la película o al menos lo intento.

martes, 11 de mayo de 2010

Diario de una asexual

Lo que estais a punto de leer es uno de los capítulos que en su día escribí para el proyecto literario que quise emprender con vosotros, amigos y amigas del foro, y que ahora ha encontrado su lugar en este Blog.
Los nombres, tanto de los personajes como de los lugares mencionados, han sido sustituidos para proteger la privacidad de las personas que menciono en esta breve historia que sí es real.
En lo sucesivo, espero poder ir publicando los restantes capítulos hasta completar lo que fue mi proceso de descubrimiento de la asexualidad.
Espero que os guste.

Lucía, 9 julio de 1994


Ayer por la noche tampoco salí. Ya hace varios veranos que no acompaño a mi hermana en las juergas nocturnas de este pueblo al que nuestros padres nos traen año tras año.
Antes no me disgustaba venir. Era divertido cambiar de aires una vez al año y disfrutar todo el día en la calle con nuestros amigos y amigas de la infancia. Nos juntábamos después de desayunar, íbamos a nadar al río, luego a comer, y ya no regresábamos a casa hasta la noche. Qué años tan felices aquellos y qué poco duraron.
Aún recuerdo el verano en que llegamos como siempre con toda la ilusión del mundo a reencontrarnos con la pandilla. Yo era la mayor por unos meses y mi hermana una de las más pequeñas con veintiún meses menos que yo. Acababa de cumplir los 15 años y Nuria, mi mejor amiga en la pandilla, me recibió entusiasmada intentando recuperar la compostura para decirme que había conocido a un chico en el pueblo y que era encantador. Este fue sin duda el principio del fin de nuestra amistad. Aquel verano no hice otra cosa más que acompañar a Nuria y a su nuevo amigo por todo el pueblo, día y noche sintiéndome como el cero a la izquierda. Algo en ella había cambiado de manera radical y yo no podía comprender el por qué de su comportamiento, exagerado en ademanes y gestos cuando se encontraba delante de él. Podría decirse que literalmente se derretía por llamar su atención.
Por suerte aún me quedaba mi hermana. Ella era una niña todavía y tampoco le gustaba el plan que se nos presentaba ese verano. Siempre ha sido mi mejor aliada, mi confidente y cómplice, mi paño de lágrimas. Hemos estado siempre muy unidas. Ahora solo espero que eso no cambie nunca.
Después de aquel verano nada fue igual. La repentina obsesión de Nuria por los chicos no nos gustaba y trajo numerosos conflictos que acabaron con el sentimiento de unidad que había en el grupo.
Mi hermana y yo volvimos a recuperar las rutinas de antaño y decidimos salir solas evitando al máximo, por decisión mía, el contacto con la que fuera hasta entonces nuestra amiga.
Al año siguiente las cosas no fueron mejor. Mi hermana había experimentado ya un cambio evidente no solo en su cuerpo, más adolescente, sino también en su espíritu. Empezaba a gustar a los chicos y a ella no le eran indiferentes. Aunque ya desde hacía algún tiempo mostraba interés e inquietud por el sexo opuesto, cada vez era más notable su tendencia al fácil enamoramiento. Pero nunca se había hecho tan evidente como ese verano.
Recuerdo perfectamente que al poco tiempo de nuestra llegada al pueblo de vacaciones nos enteramos del fracaso de la historia de Nuria y aquel chico llamado Marcial. Ese año, casualidades de la vida, no coincidimos con ella ya que su familia no vendría hasta finales de mes. Marcial, al que sí vimos, parecía un perrillo abandonado buscándola por todo el pueblo. Pero en su lugar encontró a mí hermana y pareció ver en ella a una persona totalmente diferente de aquella niña regordeta que le presentaran una vez. Conmigo nunca tubo buena relación. Yo le detesté desde el día en que Nuria me lo presentó con aquella risa floja en la boca y comportándose con exagerada confianza. He de reconocer que era un chico atractivo y no parecía mala persona, pero yo vi la palabra problemas escrita en su frente con la misma claridad que la vi en el aura de mi hermana aquel nuevo verano. A ella no le gustaba para nada Marcial pero menos aún recordar cómo la había ignorado e incluso menospreciado un año antes tratándola como a una niña pequeña frente a Nuria y los demás. Ahora, nos lo encontrábamos en todas partes, insistía en venir con nosotras al río y en que saliéramos con él a dar una vuelta por la noche, a tomar algo en algún bar, idea que me espantaba porque de sobra conocía yo sus intenciones. Mi hermana comenzó a sentir cierta simpatía por él y a mí esto me suponía un fastidio y una intromisión innecesaria entre las dos ya que a pesar de todo ella seguía diciendome que no le gustaba ni siquiera como amigo. Esto es algo que nunca entenderé. ¿por qué había que cambiar nuestros planes? ¿acaso ya no era divertido ver juntas nuestras series y programas favoritos en televisión? ¿Por qué ahora era tan importante salir por las noches?. Las noches, las temidas noches, empezaron por aquel entonces a ser el peor momento del día. Fueron divertidas cuando los niños y niñas del pueblo nos reuníamos en la plaza a jugar. A veces también los padres se nos unían. Todos y todas éramos iguales. Quiero decir, cada uno de nosotros tenía el mismo valor para el grupo. Éramos piezas de un mismo engranaje y teníamos, por así decirlo, el mismo objetivo en común, la pura diversión.
Sin embargo llegó la adolescencia y dio otro significado a las cosas. Aquel cambio me pasó por encima como una ola arrasando inesperadamente mi tranquila existencia. Me sacudió y me dejó una sensación de frío en la sangre que hoy he vuelto a sentir con brutal crueldad.
Marcial no era el único chico de nuestra edad en el pueblo. Las noches de verano resultan muy fructíferas para aquellos y aquellas que quieran conocer gente o acercarse más a alguien especial.
Yo salía, al principio por no dejar a mi hermana sola con Marcial y después porque se nos fue uniendo gente, en su mayoría otros chicos interesados en conocernos. Para ser sincera, más bien en conocer a mi hermana, ya que yo no solo no soy tan atractiva como ella sino que siempre hice lo posible por pasar desapercibida. Lo contrario supondría una doble molestia para mí, aguantar a los infatigables pretendientes de mi hermana y a los míos propios. De ninguna manera estaba dispuesta a ello. Cuantos más chicos conocíamos más difícil era librarse de ellos para regresar a casa a una hora convenida. No recuerdo habérmelo pasado bien ninguna de esas noches, pero salía porque en opinión de todos, jóvenes y adultos de nuestro alrededor, eso era lo que había que hacer las noches de verano cuando tienes esa edad.
Con el tiempo y tras acabar conociendo a todo el pueblo, encontré algunas personas con las que compartir una pequeña conversación, un chiste, un juego que hiciera menos tedioso el estar allí en lugar de donde me apetecía estar realmente, y que me dieran un motivo para volver a salir otra noche más de la confortabilidad de mi casa. Una de estas personas era un chico gracioso y de sonrisa espontánea llamado Héctor. Hablaba con todo el mundo y tenía un aspecto tan tierno y dulce que enseguida conseguía la confianza de las chicas.
Por el día todo era diferente, ni en el río ni en ninguno de los lugares que frecuentábamos coincidíamos con aquella gente que parecía esconderse del sol como los vampiros. Si alguna vez nos cruzábamos con alguien en la panadería o en la rivera, tan solo nos despedíamos hasta la noche.
Héctor no era un caso especial. Me reía con él y me era grata su compañía. En cambio le daba largas y excusas porque mis días eran solo míos y los disfrutaba con la mejor de las compañías, la de mi hermana. Además, comenzaba a ser incómodo lo obvio de sus intenciones conmigo.
Mi hermana, en cambio no le prestaba mucha atención, es más yo diría que ninguna en absoluto ya que Héctor parecía interesado en mí y hacía lo posible por convencerme para que nos viéramos alguna tarde ya que sabía lo poco que me gustaba salir por la noche. La sola idea de quedar a solas con él o con cualquier otro me producía angustia y una extraña sensación de repulsa. Yo no necesitaba, ni quería tampoco, alterar mi forma de disfrutar el verano. Mientras que él insistía en llevarme a su casa a pasar la tarde con la excusa de interpretar para mí unas melodías al piano, yo deseaba pasear en bici a la orilla del río recogiendo moras silvestres por el camino, llevar un libro y una vez allí disfrutar del sol y del agua como tantas otras veces había hecho. No es que quisiera estar sola, simplemente notaba la tensión sexual cuando Héctor se me acercaba y esto me incomodaba sin saber por qué. Desde luego, nunca acepté su invitación, pero tampoco fui capaz de proponerle que me acompañara en mis excursiones. La única invitada era mi inseparable hermana y con ella, sentía que no necesitaba nada más.