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lunes, 6 de agosto de 2012

El sexo del individuo y a quién desea suele determinar su inclinación sexual

EVA ROY*
Ahí va una pregunta a bocajarro: ¿nacemos heterosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, asexuales... o eso es algo que se puede eligir? No estoy de broma y no me insulten aún. Aquí acabo de plantear un problemón de aúpa. Movidos por las conveniencias, por la cultura, las creencias religiosas imperantes y por el peso de la legislación, se discrimina a personas, se las maltrata, estigmatiza, encarcela y ajusticia, acusándolas de algo tan grave como amar a alguien y no querer o no poder ocultarlo. Por pura supervivencia, por comodidad, practicidad o cobardía, otras, en evitación de los problemas que su sexualidad puede acarrearles, optan por mimetizarse con las acelgas: se autocondenan a la asexualidad u optan por vivir sus relaciones en el mayor de los secretos, recurriendo a escaramuzas lamentables y al engaño para que no trascienda esa parte fundamental de su personalidad.

Porque no pasa nada si se trata de heteros, pero si hablamos de otras realidades, la cosa cambia. Y todos ustedes saben que eso no solo sucede allende los mares en repúblicas bananeras ni en regímenes tercermundistas y dictatoriales. Sucede aquí. Tras la legalización de las parejas de hecho, primero, y después del matrimonio homosexual, la discriminación se produce en menor grado, pero, aunque resulta políticamente incorrecta por carecer de refrendo legal, se da.
La orientación sexual se determina habitualmente en función del sexo del sujeto y de a quién desea: homosexual describe a personas que se sienten atraídas por otras del mismo sexo, las lesbianas y los gays; heterosexual, hacia el sexo opuesto; bisexual, hacia ambos sexos; asexual, falta de orientación sexual, y pansexual, atracción por cualquier cosa o persona o rasgo de ella, concepto incorporado por Freud, padre del psicoanálisis y autor de frases tipo: "La sexualidad humana es perversa y polimorfa".
La pansexualidad freudiana describe la atracción sexual hacia cualquier cosa, implica amor o atracción por la persona, con independencia de su sexo y género (trasciende y supera el concepto bisexual). El sentimiento surge por detalles y valores que no se ciñen estrictamente a la genitalidad, no clasifica a las personas en función de su sexo ni de su género, y que tiene una capacidad potencial de sentirse atraído por cualquiera.
Cabría distinguir dos conceptos, el de orientación sexual y el de preferencia sexual, porque suelen provocar la polémica más acérrima. Si hablamos de condición, de tendencia o de orientación sexual, estamos ante algo que no podemos elegir. Si el objeto de nuestros deseos nos viene marcado por la genética, sentiremos placer, atracción y amor por personas del sexo que sea sin poder remediarlo, y eso sucederá sí o sí, por inconveniente que resulte...
Entonces, parece injusto que haya casos de personas apedreadas, quemadas en la hoguera, encarceladas, perseguidas y demás por una circunstancia tan accidental e innata como ser miope, daltónico, delgado, rubio, alto o pecoso. Pero me pregunto: ¿ha de cambiar el enfoque si se puede elegir? Es decir, si podemos hablar de preferencia y nos situamos ante una decisión que afecta al ejercicio de la libertad individual aplicada al terreno sexual.
Hay quienes desde instancias de poder imponen un modelo homologado de pareja y de familia y marcan hasta las posturas que uno debe hacer en la cama para no perder el pase al cielo y preservar el decoro... Estos grupos, quizá amenazados o incómodos ante la posibilidad de que haya desobedientes que se lo pasen bien de modo distinto y no como "Dios manda" y que se emparejan sin esperar ni remotamente la procreación con la persona elegida, se desgañitan tachando de "viciosas", "amorales", "pervertidas" dichas conductas, y amenazando con el fuego eterno y con la cárcel (dependiendo de dónde se esté) a quienes las practiquen, aunque sean mayores de edad que libremente consienten y no molesten a nadie con ello. Si el ser humano pudiera a voluntad cambiar los designios de sus deseos, la prostitución sería un oficio tan fácil que se extinguiría (porque no sería un esfuerzo practicar sexo con alguien que ya no nos repugnaría, y entonces, ¿para qué pagar?).
Creo también que, a veces, saber si uno es hetero, gay o bi se resuelve de golpe, respondiendo sinceramente a la pregunta del millón: ¿te gustaría meterte eso en la boca? (siendo eso pene o vagina, táchese lo que no proceda). Creo que falta tolerancia; que, si la orientación sexual fuera algo que se elige, pocas personas, tirando a ninguna, se dejarían matar o encarcelar por ejercer su sexualidad conforme la sienten, como también demando respeto si se trata de una forma caprichosa y lúdica de vivir la sexualidad adulta.


*Licenciada en Derecho y Empresa y experta en violencia de género, colabora con varios medios y ha publicado 'Mi lado más hardcore', 'Verdad y mentiras en el sexo' y 'Sexo, amor y cirugía'.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/mas-que-sexo/sexo-del-individuo-quien-desea-suele-determinar-homo-hetero-bisexual-asexual-pansexual-2152181