"La anhedonia vino luego de una terrible depresión causada por mi debilidad, por sentirme decepcionada del mundo, por nunca haberme sentido querida... Sé que no es verdad, pero nunca nadie me amó como me habría gustado: ni mi madre, ni mi familia, ni mis amigos. Nunca fui la número uno ni la número 399 de nadie (quizás la 415, jeje). En cambio, para mí, todos fueron lo primero siempre. Pero eso ya pasó, soy más realista y ahora la anhedonia se fue, y en su lugar quedó una sensación de felicidad y plenitud, me siento como una cantante famosa que tiene lo que siempre soñó: fama, fortuna, amor, belleza, miles de admiradores, una familia, éxito... Siento que he logrado todo, aunque estoy consciente de que no tengo nada, pero así me siento. Las ganas de vivir se han ido, no hay nada por qué luchar, me siento plena, pero la vida me parece plana y aburrida, no hay ambiciones porque he cumplido todas o, al menos, eso siento. Ya no espero nada de nadie.
En poco tiempo comprendí todo: la felicidad no es algo que deba buscarse, sino es algo que debe practicarse, y esa felicidad incluye tristezas, alegrías, momentos difíciles, pérdidas, fracasos, risas, arrepentimientos… Hoy, me siento más feliz que nunca y no tengo nada de lo que soñaba cuando era apenas una niña. No soy quien me habría gustado ser, pero tampoco soy quien no quería ser. Siento que ya no hay nada más que pueda aportar a nadie. Me siento satisfecha con lo poco que he hecho. Me siento como una anciana que mira atrás su vida, se siente orgullosa de ella y sólo espera morir. Estoy aburrida de vivir, es como si lo hubiera visto todo, como si lo hubiera sentido todo, nada me sorprende, nada me hace falta… Lo que me hacía feliz, ya no me llena, los sueños que tenía ya no me harían feliz porque ya lo soy, practico la felicidad todos los días. No quiero nada, espero el final, no más. Siempre pensé en los demás, los amé a todos, habría dado lo que fuera por quien me lo hubiera pedido, incluso mi vida, pero ahora, no. Seré egoísta y haré lo que crea mejor para mí porque, por pimera vez, sólo importo yo, creo que después de todo, merezco hacer algo por mí. Y si esto que siento es una depresión muy profunda que requiere medicamentos, prefiero seguir con ella porque me gusta mi nueva yo, me gusta ser feliz y me gusta no querer vivir".
La psicóloga no sabía qué decir... Después de unos minutos supe que no tenía una solución a mi "problema". Su paciente era demasiado auto-analítica y no había acudido a la sesión por voluntad propia. Al final de la conversación, me dio un abrazo y me deseó mucha suerte...




